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RISOTTO DE TOMATES SECOS, ACEITUNAS Y NUECES

El risotto es uno de esos platos que me encantan pero que siempre he comido fuera de casa. El proceso de elaboración del arroz me daba respeto y esta ha sido la primera vez que me he puesto manos a la obra. En realidad es una técnica bastante sencilla, pero lleva su tiempo y tienes que prestarle mucha atención y mimo durante la cocción para que te quede perfecto.

El risotto es una comida originaria de Italia y la clave para conseguir esta textura tan característica es, además de hacerte con un buen arroz de tipo arboreo, tener paciencia, añadir el caldo de cocción poco a poco y cazo a cazo  y remover constantemente hasta que el grano esté listo. Ayer compré unos tomates raf deshidratados que tenían un aspecto increíble, fue un flechazo a primera vista, así que adquirí un puñado y pensé que combinarlos con arroz podría ser un acierto interesante (y efectivamente lo ha sido), el sabor de este risotto de tomates secos, aceitunas y nueces es intenso y contundente, además el queso curado le da un toque muy muy sabroso que no puedes perderte… ¡vamos al lío!


INGREDIENTES 2 PERSONAS


En primer lugar debes hidratar los tomates secos en un recipiente con agua durante 30 minutos. Cuando estén listos escurre, trocea y reserva. En una sartén con 2-3 cucharadas de aceite de oliva, sofríe la cebolla a fuego bajo para que poche, una vez hecha incorpora los tomates troceados, las aceitunas y las nueces, espolvorea un poco de pimienta, el tomillo y una pizca de sal y remueve durante 2-3 minutos. Vierte un vaso de vino blanco y sigue cocinando hasta que reduzca el alcohol. Es el momento de echar el arroz a la cazuela, mézclalo bien con el sofrito y añade un vaso de caldo de verduras, remueve constantemente hasta que el arroz haya absorbido el caldo, vuelve a repetir el proceso y vierte una segunda taza da caldo, sigue removiendo y repite con una tercera taza de caldo y la taza de queso rallado. Sigue removiendo constantemente hasta que el arroz esté hecho pero al dente y la consistencia del guiso sea pastosa, con el caldo casi reducido y un poco solidificado.

Sirve rápidamente caliente, decora con medias nueces y espolvorea un poco de queso padano. ¡Salud!